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Haití: el cólera no da tregua
Anmcla Lara - ()
- 15-02-2011
Tema: Opinion
Autor: Guillermo Alvarado, Radio Habana Cuba


Desde que comenzó a mediados de octubre pasado, la epidemia de cólera ha cobrado la vida de más de 4 300 personas en Haití y la cuenta sube cotidianamente, acercando a la realidad los más sombríos pronósticos sobre el comportamiento de este mal.

Denominada la “enfermedad de la pobreza”, ha hallado en territorio haitiano todas las condiciones para una propagación casi explosiva que llevó ya el vibrión a todo el territorio, así como a los ríos y otras fuentes de agua que las personas se ven obligadas a utilizar por carecer de otros recursos para agenciarse del vital líquido.

En noviembre la Organización Panamericana de la Salud había estimado que, dado el lamentable estado sanitario del país, erradicar el cólera sería una tarea de años.

La OPS realizó sus estimaciones tomando como referencia el brote que afectó a Perú en 1991 y se extendió rápidamente hasta 16 países del continente.

Sólo en la nación andina, que cuenta con una estructura de salud mucho mejor que la haitiana, erradicar la enfermedad tomó cuatro años de arduo trabajo durante los cuales contagió a más de 650 000 personas y mató a 2 900.

En el país antillano la situación era precaria para enfrentar una epidemia como esta antes del terremoto del 12 de enero del año pasado, pero luego del sismo se tornó gravísima por los daños en la infraestructura hospitalaria y el hacinamiento de más de un millón de sobrevivientes en improvisados campamentos donde no existe agua corriente, energía eléctrica, drenajes, ni otros servicios indispensables.

Pero no sólo los refugiados en Puerto Príncipe enfrentan esa dramática realidad; en los pueblos y comunidades del interior el panorama es similar al de los campamentos o incluso peor, según reportan las brigadas médicas que se aventuras hasta estos lugares, fundamentalmente cubanos y jóvenes galenos latinoamericanos graduados en la mayor de las Antillas.

La mayor parte de las casas son de materiales endebles, con suelo de tierra, igual que las calles, sólo los más afortunados tienen paredes de adobe rústico y lo común es que carezcan de letrinas.

Un obstáculo para salvar vidas es que muchos de los que contraen el cólera están afectados por una severa desnutrición, asociada con enfermedades como parasitismo o tuberculosis, frecuentes en esos lugares.

Es verdad que ha disminuido la letalidad de la enfermedad, gracias sobre todo al trabajo de pesquisaje que se realiza en el interior del país que permite abreviar el tiempo entre el momento de la infección y el inicio del tratamiento, pero todo sigue siendo propicio para que la epidemia cobre muchas más vidas antes de estar bajo control.

Mientras tanto siguen las trabas burocráticas para desembolsar la ayuda financiera solicitada para la reconstrucción y el combate a la enfermedad.

Llama poderosamente la atención que potencias como Estados Unidos y Francia, ambas muy responsables de lo que pasa allí, expresen más preocupación por un eventual retorno del ex presidente Jean Bertránd Aristide, que por la cifra de niños que sucumben cotidianamente al cólera.

La pobreza alimenta a la epidemia, eso es verdad. Pero las raíces de la miseria no están en el terremoto, ni en los huracanes que han azotado el país en años recientes, sino en décadas, un par de siglos más bien, de abandono, indiferencia y una feroz explotación de todo cuanto hubiese de valioso en Haití.

Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, ANSA, AFP, XINHUA, TASS, DPA, AP.



 
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