Hassan Nasrallah: «Nuestra victoria y nuestras responsabilidades» (I)
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28-11-2006 - Talal Salman


Entrevista íntegra del secretario general de Hezbolla por el diario As-Safir

Talal Salman

El punto de vista de Hezbolla sobre la guerra que acaba de ganarle a Israel y sus consecuencias no aparece en los medios de comunicación occidentales. Los principales artículos de opinión incluso incurren en graves contrasentidos en lo que se refiere a la Resistencia libanesa. Por esta razón, Red Voltaire ha decidido publicar la entrevista completa que Hassan Nasrallah concedió a nuestros amigos de As-Safi, en la que éste responde a la polémica desatada con el comienzo de la guerra y pasa revista a sus relaciones con todos los protagonistas de la misma.

Red Voltaire . 28-11-2006

Talal Salman: ¿No teme usted que su victoria se pierda en la neblina de la política interior libanesa ? ¿Qué valoración hace usted de la misma teniendo en cuenta sus costes humanos, económicos y materiales?

Hassan Nasrallah: En lo que respecta a la situación libanesa y el punto de vista libanés, el principal problema hace referencia a las lecciones que se extraigan de lo ocurrido y a la situación a que han llevado los acontecimientos: ¿habremos de considerar que hemos obtenido una victoria o bien, por el contrario, una derrota? Si creemos que ha sido una victoria, entonces debemos determinar cuáles son los límites de la misma, cuál es su valor, a fin de poder evaluarla con realismo y teniendo en cuenta los sacrificios que han sido necesarios. Por tanto, ciertamente podemos decir que esta victoria ha estado ensombrecida por los sacrificios, pero podemos también afirmar que esos sacrificios no la han menoscabado.


 

Así pues, si éstos la han ensombrecido en parte, debemos examinar de qué manera lo han hecho, puesto que ésta es la clave de toda esta cuestión. Si hay algo angustioso en todo este asunto, se trata de las disensiones respecto a la evaluación de los resultados de la guerra. A mi parecer, esas disensiones carecen de fundamento objetivo y son resultado, ni más ni menos, de la variedad de contextos políticos, religiosos y comunitarios. A las numerosas voces que emiten opiniones divergentes sobre esta cuestión [yo les diría]: si preguntamos a los expertos del mundo árabe y musulmán sobre toda una serie de estrategias que estudian los resultados de la guerra de manera objetiva, constataremos que todos coinciden en afirmar la victoria del Líbano y su Resistencia.

Incluso si preguntamos en la entidad palestina misma –y ésta es una vía que yo personalmente he explorado día tras día-, veremos que en Israel, unánimemente, se reconoce el fracaso en el Líbano, [Dicho de otra manera:] la derrota israelí en Líbano. Incluso en el mismo Halutz, el jefe del Estado Mayor del ejército israelí, tratando de defenderse, ha hablado de «debilidades en la institución militar» y ha hecho alusión a la cuestión de los errores cometidos. Hablar de ‘debilidades’ es una manera de justificar el fracaso. Sin embargo, pese a todo ello, en el Líbano nos encontramos con otras lecturas de los hechos, y esto suscita la inquietud que sin duda se transluce en su preguta. Puede que se trate, en sí misma, de una intención deliberada de atacar la imagen de la victoria deformándola progresivamente y de empujar a otros a reacciones epidérmicas, incluso a la provocación, para llevar a la pérdida definitiva de esta victoria.

En este sentido, yo diría que es responsabilidad del Líbano, que desde mi punto de vista ha sido el vencedor, el ser aún más preciso. Estoy hablando del Líbano vencedor. Y la responsabilidad de los libaneses que están convencidos de la victoria de su país, o sea, los que consideran que han participado en la obtención de esta victoria -sean musulmanes o cristianos, sea cual sea su orientación y la comunidad a que pertenecen, sean cuales sean sus ideas políticas-, es trabajar para conservar esta victoria y no permitir que se vea perjudicada por los enfrentamientos confesionales, políticos o entre comunidades... Ésta es una gran responsabilidad y como suele decirse, conservar la victoria es a veces más difícil que conseguirla... Me atrevería a afirmar que es ciertamente más difícil conservar la victoria que conquistarla, en cuaquier lugar del mundo, y que además, en el Líbano, es más difícil sin lugar a dudas.

Sirva ésta como respuesta a su pregunta; por el momento, lo dejo ahí... Manifestación convocada por Hezbollah, el 22 septiembre de 2006 en Beirut Varios cientos de miles de libaneses acudieron a escuchar el discurso de Hassan Nasrallah.

Talal Salman: Pasemos ahora a Israel, ¿cuáles son las repercusiones de la derrota israelí, para la posición estratégica de Israel en Oriente Medio? ¿El Israel posterior al 12 de julio [2006] es el mismo que el de antes de esa fecha fatídica?

Hassan Nasrallah: Nuevamente, eso depende de la evaluación que se haga de los hechos: es conforme a la manera en que comprendamos lo ocurrido como podremos deducir las consecuencias y las repercusiones. En relación a esto, podría resumir el análisis israelí [de la cuestión], y quisiera precisar antes que nada que esta victoria, en definitiva, es a un mismo tiempo estratégica e histórica. En mi opinión, tendrá repercusiones tremendamente importantes en el ámbito de las relaciones israelo-palestinos así como para el conjunto del mundo árabe y también para toda la región.

Creo que aún es demasiado pronto para detallar e integrar los resultados estratégicos y las enormes repercusiones de nuestra victoria. [Consideremos «tan sólo»] Palestina, Irak e Irán, ¡por no hablar del mundo árabe!...Para responder a su pregunta, me gustaría insistir en el conflicto israelo-palestino en particular. La guerra contra Israel ha tenido un impacto en los fundamentos mismos del proyecto y la identidad israelíes, como han constatado muchos observadores. Cuando decimos que todo país tiene su ejércitgo, hemos de hacer de excepción de Israel, en cuyo caso se trata de un ejército que tiene un país [ésta es la realidad]: ¡la entidad israelí es un ejército!

Todo el país es una inmensa base militar, un gigantesco cuartel. En Israel, el elemento esencial -la seguridad, la tranquilidad, la estabilidad, la quietud, la serenidad, la esperanza- se materializa en el ejército; lo que importa, por encima de todo, es la confianza del pueblo israelí en su ejército y del ejército israelí en sí mismo. Esta confianza es resultado del poder del ejército, sea su fuerza objetiva, real, o su poder artificialmente inculcado en la mente de sus adversarios. A veces, ese poder objetivo, real, no existe pero Israel ha conseguido hacer que su adversario se vea a sí mismo como débil, derrotado de antemano e incapaz de enfrentarse a un ejército «invencible» [como supuestamente lo sería el ejército israelí].

Las guerras árabo-israelíes no han hecho sino reforzar la confianza en sí mismo del ejército israelí y la que el pueblo israelí le concede. Por ejemplo, en el momento del que le hablo, se produce una comparación entre los efectivos (miembros activos y simpatizantes) de la Resistencia por un lado y los del ejército israelí por el otro... ¡Pero ellos [los israelíes] siempre se han asegurado de que se comparase a Israel con el conjunto de la nación árabe y los pueblos árabes, y han logrado hacer de dicha comparación supuestamente edificante una verdadera leyenda!

En 2000 [retirada del ejército israelí del Sur del Líbano ante la presión de Hezbolla, N. del T.], la leyenda ya sufrió un duro golpe, pero Israel pensaba que necesitaba una ocasión para restañar la imagen de su ejército, de algún modo, y en 2000 los israelíes consiguieron que se dudase de la realidad de nuestra victoria. Se dudó, tanto en el mundo árabe como en Líbano también. ¡Ciertos dirigentes árabes incluso llegaron a afirmar que Israel no se había marchado de Líbano con el rabo entre las piernas, sino que simplemente se había dejado seducir por la resolución 425 de la ONU! Otros han hecho mención de no sé qué mercado libano-irano-sirio-israelí.

Otros incluso han ido incluso más lejos en su delirio, pero igualmente –y con mayor pertinencia- podemos así mismo decir que respecto a la victoria de 2000, la Resistencia -que libraba una batalla sin tregua desde hacía dieciocho años, una guerra de guerrillas a largo plazo contra un ejército regular-, consiguió en definitiva imponerse al mismo y forzar su retirada. Ahora, se trata por tanto claramente de una victoria, como en 2000, pero en este caso, la victoria tiene sus límites, a los que ya me he referido. Lo que acaba de suceder durante los últimos enfrentamientos ha demostrado el error de que quienes, con motivo de los debates sobre estrategia defensiva y durante los primeros días de la guerra, decían que la resistencia popular podría liberar el territorio por medio de una guerra de guerrillas a largo plazo, pero que esa resistencia no podría hacer frente a una invasión masiva, que sería incapaz de impedir que nuestro país fuera ocupado y sucumbiera al ataque del ejército israelí...

En 2000, se produjo un debate. Hoy, ya nadie tergiversa el resultado. Ciertamente es posible que la Resistencia haya disfrutado en el mundo árabe de un gran prestigio durante estos dieciocho años, pero no se había convertido en una verdadera leyenda. Treinta y tres días han bastado para que se cambien las tornas: el ejército [israelí], que era una verdadera leyenda, se ha convertido en la encarnación del fracaso, de la sideración y la pérdida total de rumbo. Por el contrario, la Resistencia en cambio, de quien muchos esperaban que se derrumbara en cuarenta y ocho horas, se ha convertido en una leyenda. Y ese componente de leyenda ha sido un elemento fundamental sobre el que se ha construido la entidad [sionista].

Shimon Peres lo comprendió bien, con sus conocimientos y su dilatada experiencia, cuando dijo que esta guerra era una cuestión de vida o muerte. Efectivamente, es eso lo que se trata hoy en la entidad sionista y si no se consigue solventar este asunto, es decir, convencer a la opinión pública israelí de algún modo, darle confianza, estoy convencido de que la sociedad israelí se enfrentará a repercusiones extremadamente peligrosas a nivel de seguridad, moral, económico, político e incluso demográfico. Me explico: si el pueblo de esa entidad pierde la confianza en su ejército protector, que encarna la fortaleza inexpugnable de la entidad, muchos inversores se retirarán del país y cada vez más, las fisuras políticas aparecerán en el interior de la entidad.Hoy por hoy, el futuro de Ehud Olmert está en juego.

El futuro de Peretz está en juego así como el de muchos dirigentes de los partidos políticos e incluso el futuro mismo de algunos de éstos está en entredicho, con «Kadima» a la cabeza, que sin lugar a dudas no pasará del invierno. Tales consecuencias serían suficientes por sí solas, sin necesidad de mencionar otros aspectos [de la derrota israelí], para no extendernos, con los que demostrar que nuestra victoria es estratégica e histórica.

En la actualidad, en Israel, se habla de las consecuencias [de la derrota israelí] a nivel interno; incluso hay estrategias que hacen refererencia a este asunto -también en ciertos gobernantes árabes- y sí, de Israel, que aterrorizaba a los estados árabes y de quien se decía que la Resistencia podía arrebatarle algunos territorios que hubiera ocupado pero que no podría hacerle frente...

En cuanto a la Resistencia, ¿qué es lo que la caracteriza hoy? Se lo voy a deicr: no se trata de que haya tenido una buena actuación, de que haya conservado el territorio, no: se trata del hecho de que haya infligido pérdidas importantísimas –humillates- a las tropas israelíes. Eso es lo que es imposible de ocultar a los ojos del pueblo israelí, ni de disimular ante los del mundo entero, pese a la ocultación mediática y el hermetismo que se ha impuesto a la información sobre el desarrollo de los combates.Por consiguiente y primordialmente, incluso si es cierto que la verdadera batalla, a un nivel profundo, es una lucha de voluntades, puedo afirmar que nuestra voluntad de resistir se ha mantenido firme y que, por el contrario, la voluntad israelí ha sido quebrantada. Prueba de ello es el hecho de que Israel se haya visto obligado a detener la guerra.

Quienes piensen que es la presión internacional la que ha puesto fin a la ofensiva israelí se equivocan gravemente; me permito decirles que no conocen la realidad de la situación actual de la política mundial ni su funcionamiento... El elemento fundamental que ha puesto punto final a la guerra es el rotundo fracaso de su operación terrestre de los últimos tiempos y la importancia de sus pérdidas, así como el temor de los dirigentes políticos y militares isrealíes a verse arrastrados hacia una situación todavía peor y más peligrosa, más catástrofica aún para su ejército y [en consecuencia] para la entidad misma. A todo esto cabe añadir la voz de la comunidad internacional que se ha dejado oír para obtener el fin de la guerra. Pero sobre todo, si la administración Bush-Olmert hubiera estado segura de que continuando con la guerra una o dos semanas más habría podido obtener un cambio cualitativo en el desenlace de los combates, la guerra habría proseguido y no se habría acabado ese lunes como ocurrió... lo que confiere mayor profundidad aún a la importancía estratégica de la batalla pues, con la retirada, la confianza del pueblo israelí en su ejército y en su entidad ha sufrido un revés, mientras que la confianza de los pueblos árabes y en particular del pueblo palestino en el hecho de que elegir la resistencia puede traer la victoria, sobre todo una victoria de tal envergadura, no puede por menos que verse reforzada.

En mi opinión, todo esto tendrá sin duda consecuencias para los cimientos mismos de existencia de la entidad [sionista] a la larga, es decir, a medio plazo. Por supuesto, no es mi intención (ni la mía ni la de nadie) argumentar que las repercusiones [para la entidad sionista] vayan a ser de tipo existencial ni inminentes ni rápidas.Por supuesto, hablamos de la existencia de la entidad y de su futuro y del nuestro también, pero la motivación esencial del análisis de los palestinos aún persiste: los palestinos se proponen resistir, ese es su plan: tienen la convicción y la voluntad de hacerlo y eso debiera permitirles controlar todos los demás elementos que se han conjugado, en la experiencia de esta guerra, a fin de que el pueblo palestino esté en condiciones de obtener también su victoria.

En cuanto al bloqueo impuesto a los palestinos -y este bloqueo está en parte impuesto, por desgracia, por ciertos regímenes árabes-, limita terriblemente la posibilidad de poner nuestra victoria al servicio de la lucha palestina.

Talal Salman: ¿Cree que Israel relanzará la ofensiva una vez haya solventado su desorden interno, bien sea contra Líbano de nuevo, bien sea eligiendo orientarse hacia un conflicto más fácil contra Siria?

Hassan Nasrallah: Lo primero, confirmar la naturaleza intrínsecamente agresiva de Israel. Así pues, cuando digo: «es posible», «es poco probable» o «no podemos descartarlo», eso no va ligado a la naturaleza agresiva de Israel ni a sus verdaderas intenciones: se trata de circunstancias y posibilidades que son las suyas. Volvamos, si le parece bien, a la cuestión de esta guerra: eso nos ayudará a evaluar la situación...

¿Cuál era el objetivo de esta guerra? «Acabar con Hezbollah». ¡Nada más que eso!... Era el objetivo directo y el principal, cuya realización resultaría en la sumisión definitiva del Líbano a la voluntad de los Estados Unidos, que en nuestra región (¿acaso tengo que recordarlo?), no es otra que la voluntad de Israel. Los estadounidenses y los israelíes lo han anunciado desde el primer día de la guerra.

Ahora no estoy analizando ni extrapolando, se trata de lo que ellos han dicho claramente: sus textos son muy claros y no dan lugar a interpretación alguna. Pero resulta que no sólo Israel ha sido incapaz de «acabar con Hezbollah», que era su objetivo primordial, sino que tampoco ha conseguido ninguno de los objetivos que había declarado perseguir con esta guerra: «acabar definitivamente con Hezbollah», acabar definitivamente con sus estructuras militares, destrucción total de los misiles de «Hezbollah», expulsión de «Hezbollah» del sur de Líbano y después más allá del Litani, sin olvidar la recuperación incondicional de lo dos soldados israelíes capturados... Israel no ha logrado ninguno de sus objetivos.

La única cosa que Olmert dice haber conseguido –porque Olmert, sabe usted, finge haber conseguido algo...- es, según él, haberme forzado a buscar refugio... A eso se reducen los objetivos de la guerra de los israelíes: ¡forzar a Hassan Nasrallah a buscar refugio! ¡Bravo! ¡Me descubro ante Israel! Una guerra total y dilatada, generalizada, y eso es lo que se consigue.... ¿Todo eso, para semejante resultado? En esta guerra, Israel ha movilizado –no estoy seguro de que «todas sus fuerzas», pero sí gran parte de ellas-, al menos la parte fundamental de las mismas, de su poder militar.

Cualitativamente, lo único que no han empleado son las armas nucleares. Han utilizado todos los tipos de aviones de que disponen, los tanques más modernos, han retirado los batallones de élite -los « Golanis » y los « Giv’atis »- de Gaza para enviarlos al sur del Líbano. Y algo similar ha ocurrido con las unidades de paracaidistas; han movilizado a unos 40.000 soldados de infantería y tres compañías de reservistas. En cuanto a la fuerza empleada, han efectuado 9000 ataques aéreos y no hablemos siquiera de los vuelos de reconocimiento... ¡Han mencionado la cifra de 175.000 proyectiles disparados en treinta días! Han empleado una potencia de fuego absolutamente demencial, han agotado sus existencias estratégicas de misiles aire-tierra, incluso han usado misiles que habían retirado, destinados a la venta al peso: ¡los han cargado en sus aviones y los han lanzado sobre el Líbano!...

Israel ha ido corriendo a lanzarse en el regazo de Condoleeza, no sólo para mendigar bombas «inteligentes» sino también todo tipo de misiles aire-tierra...Lo importante de todos estos detalles es que Israel ha empleado gran parte de su potencial, lo que significa que había cientos de aviones de guerra israelíes sobrevolando y bombardeando el Líbano al mismo tiempo, de hecho no hubieran podido emplear más...: ¡no podían enviar toda su fuerza aérea a sobrevolar el Líbano al mismo tiempo, hubiera sido demasiado peligroso para ellos mismos [se hubieran obstaculizado los unos a los otros]! Ya no sabían qué bombardear... Es importante entender que el Líbano es un país pequeño, que no es lo suficientemente extenso como para que la fuerza de bombarderos israelíes al completo lo sobrevuele y ataque diversos objetivos...

Sí, hablo de Israel... de Israel con su enorme potencia militar, con su capacidad espeluznante, con el apoyo estadounidense e internacional del que disfruta, con la infame traición que los regímenes árabes han infligido al Líbano, de la que Israel también ha sacado partido... Pero pese a todo ello (¡por «poco» que pueda alegar para justificarse!), Israel ha perdido esta guera y sus pérdidas han perjudicado a la imagen de marca de su ejército y a la eficacia del mismo, sobre todo a la imagen de eficacia de sus tanques y sus hombres. Y ello hasta tal punto que varios países que negociaban con Israel la compra de sus blindados más novedosos –el tanque Merkava de cuarta generación, por ejemplo- se han retirado y han anulado los contratos.

En una guerra contra la resistencia popular, un tanque blindado se convierte en un ataud. Israel, tras el revés sufrido en el Líbano, ¿se lanzará a una nueva guerra? A mi juicio, no durante un buen tiempo, aunque no descarto por completo la posibilidad, pero, ¿una guerra contra el Líbano? Seguramente, cuando los israelíes quieran lanzarse a una nueva ofensiva contra el Líbano, deberán pensárselo dos veces, sobre todo si la situación interna en Líbano evoluciona de manera razonable tras el despliegue del ejército libanés y las fuerzas de la Finul, y no se produce el desarme de la Resistencia. En consecuencia, si la Resistencia, es decir, quien ha derrotado a Israel en esta guerra, perdura... mientras esa fuerza exista, Israel deberá reflexionar intensa y largamente antes de lanzarse de nuevo a una guerra contra el Líbano...

En cuanto a emprender una guerra contra otro país... No lo creo. A quienes piensan que una guerra contra Siria sería menos dura, les diría que están en un error. Me permitiría señalarles que mientras Israel atacaba al Líbano y supuestamente prestaba poca atención a Siria (como algunos intentan hacer ver en otros lugares además de en Israel...), y mientras declaraba que los cohetes lanzados sobre Haifa, Al-Khudeira y Afoula eran de fabricación siria, al mismo tiempo, el ministro israelí de Defensa, Amir Peretz, afirmaba durante varios días que Israel no tenía la más mínima intencion de atacar a Siria o de abrir otro frente activo.

Todo esto envía una señal clara, pero además hay otro indicio extremadamente importante: Siria había declarado que entraría en el conflicto en caso de que el ejército israelí se acercara a su frontera, y hemos podido ver durante las últimas guerras iniciadas por Israel que los israelíes jamás se han acercado verdaderamente a la frontera siria, y lo que es más, debe tenerse en cuenta que el eje de las granjas de Sheeba, de vital importancia, es un paisaje abierto en el que los israelíes podrían moverse con facilidad a sus numerosos efectivos para sorprender a la resistencia en un renuncio en la región de la margen sur del Litani. Pero sin embargo, Israel no ha movido un dedo en esa zona y trata cuidadosamente de evitar acercarse a la frontera siria.

Esto significa que los israelíes se han mostrado demasiado cautos y han sopesado los peligros de una confrontación con Siria, o de la entrada de Siria en el conflicto. Todo esto merecería una reflexión más amplia y más profunda, pero personalmente, me inclino a pensar que los israelíes tendrían que tomarse su tiempo antes de considerar una nueva guerra, no sólo contra Líbano, sino también contra Siria. Creo que el único punto débil sobre el que Israel va a concentrarse e intentar no sólo recuperar su disuasoria imagen de marca, sino también oponerse a la explotación de la victoria libanesa en el contexto palestino, es precisamente Palestina. Por desgracia, Israel conseguirá recuperar su imagen, ya que los palestinos se encuentran asediados y divididos, aislados; su situación es muy dura -por más que tengan una voluntad de hierro y la moral bien alta-, y por tanto el esfuerzo israelí se centrará cada vez más sobre los territorios palestinos.

Talal Salman: … y, ¿qué me dice sobre el asunto del desarme de la Resistencia y la cuestión de si la operación [de Hezbollah] hubiera tenido lugar, pese a todo, si se hubiera realizado una valoración de las consecuencias que ha resultado entrañar... y sobre la manera en que Olmert ha explotado la derrota israelí a nivel interno?

Hassan Nasrallah: Reitero lo que ya he declarado a la cadena de televisión News TV y que no es sino la confirmación de lo que ya dije durante la guerra. Se trata de una cuestión que he tratado en detalle. En cuanto a las declaraciones sobre si, de haber sabido, de haber tenido en cuenta los costes... sólo decir que se han considerado, como ya mencionaba anteriormente. Por desgracia, mis declaraciones se han sacado de contexto malintencionadamente y con el objetivo de suscitar una toma de posiciones política artificial e inútil y de sustentar un análisis sesgado en base a esa cita sacada de contexto.

Además, en caso de que yo deseara reformular lo que ya he dicho, repetiría lo que ya he manifestado claramente: la operación de captura de los dos prisioneros israelíes ha forzado a Israel a iniciar en el mes de julio [el día 12, N. del T.] una guerra que, de todos modos, habría provocado en el mes de octubre, en cuyo caso la catástrofe habría adquirido una dimensión tremendamene destructiva. La operación [de captura] de los dos prisioneros [israelíes], por un motivo que ignoramos (y he sido bien transparente respecto a esto), ha hecho fracasar un plan que ya se había trazado con sumo cuidado, pero cuya aplicación se había previsto para principios del otoño, puesto que –entre otros motivos- requería que se completaran ciertos preparativos y se recabaran determinados datos.

Esa es por otra parte la razón por la que yo fui muy claro y manifesté que el factor desencadenante de la guerra no había sido la captura de los dos soldados. La guerra es sobre todo una decisión estadounidense-israelí tomada con el consentimiento de ciertos aliados [árabes] que ya estaban preparados. Esos preparativos se venían realizando desde hacía mucho tiempo y se había establecido el momento en que se desataría la ofensiva. El factor sorpresa era fundamental y el escenario ya estaba perfilado desde hacía tiempo, y no se trataba del escenario real de esta última guerra... Cuando se produjo la operación de los dos soldados, y ante el elevado número de bajas miliares israelíes [ocho, N. del T.], los israelíes se sintieron abrumados y enfrentados a la siguiente realidad: o bien encajaban la sorpresa de los acontecimientos, o bien se lanzaban de inmediato a la ofensiva prevista para octubre.

Sabemos que tras consultar con los Estados Unidos al día siguiente de la captura de los soldados, los israelíes decidieron lanzar la ofensiva que habían planeado para el otoño. Les arrebatamos el factor sorpresa imponiéndoles un calendario que no era el que tan cuidadosamente habían preparado y esa es la razón por la que los enfrentamientos comenzaron en un momento en el que nosotros estábamos alerta y en guardia, mientras que los israelíes, en cambio, no estaban preparados. Es decir, si la guerra se hubiera producido en octubre, la lucha hubiera comenzado sin motivo alguno, cualquier provocación hubiera desenacadenado su [del enemigo] ofensiva.

Si en el mes de octubre se hubieran instalado discretamente misiles en el sur del Líbano para atacar los territorios ocupados de Palestina, Hezbollah hubiera estado al corriente, por supuesto, y hubiéramos esperado que Israel respondiera de un modo u otro. La guerra de octubre debía comenzar de manera brutal, capitalizando al máximo en el factor sorpresa, sin pretexto, e Israel no necesitaba un móvil puesto que disfruta del apoyo absoluto de los Estados Unidos. Esa guerra de octubre, supuestamente, se consideraría como una guerra contra el terrorismo y por tanto totalmente legítima, sin que fuera necesario el más mínimo motivo que la justificara...Sí, yo fui sincero y transparente cuando dije que en el momento en el que decidimos proceder a la captura de los dos prisioneros no teníamos la intención de forzar a Israel a adelantar su ofensiva planeada para octubre al mes de julio. Evidentemente, ese no era nuestro objetivo.

Sabíamos que, un día, cuando llegara el momento que ellos habían escogido, los israelíes y los estadounidenses nos declararían una guerra total cuyo objetivo hubiera sido acabar con nosotros en términos militares y exterminarnos físicamente. Pero, claro está, nosotros no sabíamos cuándo ocurriría y nos contentábamos con seguir lo más atentamente posible la coyuntura y el desarrollo de los acontecimientos políticos.

Cuando se da marcha atrás al 11 de julio y oigo decir que la operación de captura de los soldados israelíes iba a desencadenar necesariamente una guerra que causaría toda esta destrucción y la muerte de tantos mártires, etc..., si yo respondiese «sí», es decir, que si hubiéramos anticipado todo lo que ha ocurrido, si hubiéramos sabido que la captura de los dos soldados desataría una guerra a una escala tan increiblemente cruenta, si yo respondiera que sí, que pese a todo habríamos procedido con la operación, mentiría y no faltarían las voces malintencionadas que no dudarían en acusarnos diciendo: «¡Miradlos! ¡Qué poco les importa el país y la sangre de esas gentes valerosas!...»

Es bien sencillo: podría haberme desentendido y esquivar la pregunta, podría haberlo hecho y hacerlo también ahora afirmando que, en cualquier caso, la guerra no tiene nada que ver con la captura de los dos soldados israelíes, pero dado que sé que esta cuestión afecta profundamente a la gente y que se ha venido suscitando a lo largo de la guerra, considero que es mi sincera responsabilidad dar una respuesta.

Si cuando procedimos a la operación de captura de los prisioneros hubiéramos tenido en cuenta las consecuencias de la guerra, efectivamente, yo habría dicho que sí a la operación.Pero, ¿en qué contexto se produjeron estas declaraciones? En un contexto en el que esa suposición era totalmente inconcevible para cualquiera que en cualquier circunstancia, en cualqueir lugar el mundo, hubiera estudiado, evaluado y analizado la situación de entonces el suponer que la captura de dos soldados desataría una guerra de tal intensidad; y ello por la simple razón de que, lo reitero una vez más, la guerra no ha estado estrictamente ligada a la captura de los dos soldados... Esta guerra escapa a toda lógica, a toda media, a toda ley, a todo criterio.

Nunca antes en la historia del conflicto árabe-israelí, de la resistencia y su lucha contra Israel, en toda la experiencia sobre conflictos que nos proporciona la historia a nivel mundial, nunca hemos asistido a un caso en que la captura de dos soldados provoque un conflicto. No cabe duda de que la operación ha servido como pretexto para poder iniciar una ofensiva planeada, pero desde nuestro punto de vista, al final esto nos ha beneficiado a nosotros y al Líbano. El secuestro de los dos soldados israelíes ha precipitado una guerra que, de todos modos, se hubiera producido un poco más tarde, simplemente adelantando el inicio de una ofensiva inevitable, absolutamente segura.Esta es la razón por la que, para utilizar una expresión incontestable, diría que no cometimos un error de apreciación, que nuestros cálculos eran exactos y precisos, y que no nos arrepentimos de nada, que mi discurso no ha sido contrito ni derrotista en ningún momento, como por otra parte han inventado algunos israelíes.

Muy al contrario, ha sido en todo momento el discurso de la victoria, desde los primeros días de la guerra; el primer día, en el momento en que las nubes negras cubrían el cielo, yo confiaba en la victoria, en que la victoria llegaría. En este sentido, todos los expertos se muestran hoy unánimes, por poco objetivos que sean, cuando pasan a analizar los acontecimientos acaecidos durante la guerra, y creo –y esto lo he dicho en más de una ocasión- que lo ocurrido, tanto en relación al momento en que se toma la decisión de continuar con la operación de captura como a sus consecuencias, es resultado de la voluntad divina de que venciéramos, del favor de Dios, y que si no hubiéramos continuado con la operación, si no hubiéramos hecho nada y hubiésemos bajado la guardia hasta el mes de octubre, Líbano ya no sería Líbano, y de un modo u otro, como el Dr. Talal Salman ha mencionado (pero en sentido totalmente opuesto al predominante hoy en día), Israel tampoco sería ya Israel (pero esto de nuevo, en un sentido totalmente opuesto)...

Según esta hipótesis, en octubre, gracias al elemento sorpresa y la posibilidad con que hubiera contado de aprovechar al máximo otros factores, Israel habría podido confiar en que conseguiría la destrucción de la Resistencia en el Líbano y esto hubiera resultado en la sumisión del país a Israel y los Estados Unidos; lo que a su vez habría llevado a un panorama desolador y extremadamente peligroso para la Resistencia palestina y hubiera amenazado gravemente la posición de Siria, poniendo en tela de juicio la posibilidad de cualquier tipo de resistencia en el conjunto del mundo árabe. Esta es la razón por la que -y lo repito- no nos arrepentimos de nada, no hemos cometido ningún error y nuestros cálculos eran fundados y exactos.

Lo ocurrido es mucho más importante que la estimación de las consecuencias. Sí, yo lo afirmo: si hubiéramos detenido nuestros planes en relación a todas estas cuestiones fundamentales para nuestra causa, si nos hubiéramos quedado en un rincón, si dijéramos que si hubiéramos considerado tales consecuencias habríamos -o no- seguido adelante con la operación, evidentemente la respuesta lógica es que no... Si reducimos el debate únicamente a la operación y a la reacción que ha suscitado, lo que realmente ha ocurrido en Líbano en el mes de julio queda completamente fuera de ese contexto y de esa lógica.

Talal Salman: Se habla de que habría habido una reacción israelí totalmete desproporcionada al secuestro por parte de los palestinos de un soldado israelí en Gaza antes del 12 de julio, ¿no les advirtieron?

Hassan Nasrallah: Estábamos preparados... suficientemente preparados, y lo que ha pasado en Gaza es lo que esperábamos: anticipábamos una represalia limitada... lo ocurrido en Gaza quedaba dentro de los confines de lo que preveíamos, pues los israelíes no han invadido ni destruido la franja de Gaza, no han hecho lo mismo que en Líbano. Además, hay que tener en cuenta el hecho de que el secuestro de un soldado israelí en Gaza fue mucho más humillante para los israelíes que la detención de los dos soldados en el Líbano.

Si consideramos [salvando las distancias] las posibilidades de los palestinos en comparación a las de la Resistencia en el Líbano, las represalias en Gaza no han sido... [desproporcionadas]. Esperábamos que la reacción israelí en Líbano fuera comparable, es decir, idéntica a la de Gaza, o para ser más exactos, un poco menos intensa. Pero la actuación de Israel en el Líbano no fue una reacción, sino una acción premeditada y planeada que simplemente se adelantó. En cuanto a los mártires, un estudio estadístico efectuado antes de la captura [de Gilad Shalit, N. del T.] muestra que entre treinta y cuarenta palestinos mueren como mártires cada mes y que nada de eso ha cambiado [tras la captura].

En relación a esto, yo diría que entiendo por qué Israel ejerce el monopolio de ese feudo: para que Olmert, por ejemplo, pueda aprovechar esa circunstancia y tratar de relanzar las negociaciones, lo que podría ayudarle a deshacerse de la comisión investigardora israelí [sobre los errores cometidos en la ofensiva contra Líbano, N. del T.] o de sus numerosos problemas... Por supuesto, mis declaraciones públicas no se referían a ésto, sino que yo hablaba con la sinceridad y la transparencia que la gente necesita y espera.

Pero, ¿cuál ha sido el resultado?: me cuentan –y yo lo he leído en la prensa- que Olmert trata de utilizar esa frase mía en su propio beneficio, y la verdad es que poco me importa, ¡que lo haga, no tengo nada en contra!... Si nos dan a elegir entre que continue gobernando la entidad un jefe de estado desequilibrado, estúpido y débil o, en su lugar, un primer ministro fuerte y capaz... ¡evidentemente preferimos al demente y estúpido!...Si Olmert puede aprovecharse de citas de mi discurso sacadas de contexto, no tengo nada en contra, pero lamento que aquellos que entienden perfectamente el árabe y el hecho de que la frase en cuestión forma parte de una exposición coherente de la que no era conveniente extraerla, lo hayan hecho y la hayan utilizado al servicio de una lectura errónea de los acontecimientos del Líbano; es lamentable, simplemente lamentable y no hay más que añadir.


Hassan Nasrallah: «Nuestra victoria y nuestras responsabilidades» (II)




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