A escasas horas para el inicio del proceso electoral en Venezuela, ya el nerviosismo de la clase media vació de mercancías los establecimientos comerciales y provocó largas colas en las gasolineras, al este de la ciudad. Algunas cacerolas pretenden imponerse al sonido de la lluvia nocturna ¿Y el pueblo chavista? Tranquilo. Movilizado y alerta pero tranquilo. En el barrio las cacerolas tienen mejor suerte: ya están listas para el sancocho de mañana. Estamos preparados para la victoria.
Y no es porque la mayoría de las encuestas (hasta las de la Derecha) den como ganador al Candidato de la Patria. No es sólo por la abrumadora multitud que lo ha acompañado a lo largo de la campaña. Es porque este pueblo no es manso ni es bobo; muy por el contrario, la mayoría de los venezolanos nos reconocemos como sujetos de una transformación histórica inédita. Vamos a votar con el corazón y vamos a ganar con argumentos, que no son pocos:
Lo que defenderemos mañana es la continuidad de un proceso del que somos protagonistas; es la posibilidad de profundizar el poder popular a través de mecanismos concretos, la organización comunal propuesta desde el Estado, en primer término, pero también por medio de nuestras propias formas de encuentro y de articulación, las que precedieron y abrieron cancha a esta Revolución, y que en ella encuentran terreno fértil para seguir floreciendo, creciendo, multiplicándose. Defenderemos la posibilidad de seguir avanzando en la senda del Socialismo del siglo XXI, el socialismo nuestro.
Saldremos a votar para defender las conquistas sociales de muchos que fueron largamente olvidados, desechados como ciudadanos de segunda, y que hoy acceden a salud, vivienda, educación y trabajo dignos. Son los que a finales del siglo pasado representaban casi la mitad de nuestra población; los sin nombre; los que comían perrarina y que hoy pueden alimentarse como la Revolución manda, tres veces al día.
Vamos temprano porque tenemos la responsabilidad de seguir dando lo que algunos llaman “el mal ejemplo”, como dijo el Presidente esta noche. El mal ejemplo del ejercicio soberano, que se ha extendido por toda Nuestramérica y que hoy se alza contra el imperialismo como una sola voz desde Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Desde todos los pueblos del continente, representados por las instancias de acción multilateral nuestramericanas que han surgido a instancias de la Revolución Bolivariana, con Unasur a la cabeza.
Vamos a votar porque nunca más seremos lacayos del FMI, del Banco Mundial y de los poderes imperiales que los sostienen y a quienes representan. En las urnas ratificaremos que no aceptamos otro paquetazo.
Porque un paquetazo es lo que ofrece el candidato de la Derecha, a quien no quedó más remedio que prometer mantener los logros de la Revolución (las misiones, los beneficios de seguridad social), mientras insistía en presentarse como “progresista”. De su boca al papel que lo desmiente: allí está su programa de gobierno y sus lineamientos económicos para demostrar que no es más que la nostalgia por la vuelta a un pasado neoliberal que hoy no es posible en Venezuela.
Tampoco es posible mantener el autoengaño con el que pretenden animar a sus masas: ése según el cual la brecha entre ambas candidaturas se ha cerrado. La única brecha que se sigue cerrando en Venezuela es la que durante muchos años separó a las mayorías excluidas de los beneficios de un Estado que hoy ofrece justicia social, una brecha que cerramos a favor nuestro. De resto, reconocemos su posición como segunda fuerza electoral; pero nosotros somos muchos, muchos más.
Como también dijo el Presidente, en su encuentro con la prensa internacional la noche de hoy: “Este es un país maduro, un país democrático donde las instituciones están funcionando, donde tenemos uno de los mejores sistemas electorales del mundo, (…) La mayor garantía de reconocimiento a los resultados, la más grande garantía de paz, es el pueblo venezolano. Aquí va a hablar la voz de Nación. Oigamos la voz de la nación y actuemos en consecuencia”.
Esta declaración resume uno de los eventos destacables de la jornada de hoy: todos los actores políticos nacionales, los poderes mediáticos y los acompañantes internacionales coinciden en la fortaleza del árbitro electoral, fuera de toda duda. Cada vez se vuelve más cuesta arriba la alternativa de cantar fraude ante la inminente derrota que la Derecha repetirá mañana. Y si la desesperación les lleva a salidas violentas, no nos encontrarán desprevenidos.
Insistimos: golpeen sus cacerolas en el este, que nosotros reservamos las ollas para la celebración en el barrio. Los invitamos a celebrar más tarde, mañana por la noche, en el balcón del pueblo: les vamos a ganar de calle.